Salud mental: somos el síntoma, no el problema


¿Tienes ansiedad o depresión? ¿El estrés te empieza a superar y sientes que pierdes el control? Tal vez tengas un problema de salud crónico, como fibromialgia o sensibilidad química múltiple. O quizás tu caso se trate de un trastorno de la conducta alimentaria o una adicción.

Si tu problema de salud te limita y te pone en desventaja frente al resto de la sociedad, eres uno de nosotros.

Nosotros somos el síntoma, no el problema

Probablemente sientas frustración o desesperación. Nadie te entiende, mantienes el trabajo a duras penas (si tienes…), familiares y amigos dicen que dramatizas y que lo tuyo no es normal… Todos estamos o hemos estado ahí.

Por ahora, aún somos minoría. Lo más habitual es encontrar más gente que no nos apoya que gente concienciada. Por eso es importante recordarnos unos a otros que no estamos solos y que no somos culpables de nada.

La situación se halla en constante crecimiento

  • La OMS indica que, de 1990 a 2013, los casos de depresión y ansiedad aumentaron cerca de un 50% a nivel mundial, y que suponen un 30% del total de problemas médicos no mortales.
  • En 2017, EFE indicaba que el 5,2% de la población española sufría depresión. A día de hoy este porcentaje ha subido hasta un 6,7% para casos tanto de depresión como de ansiedad.
  • La Agencia EFE también recalca que 8 de cada 10 personas con este tipo de problemas no tienen trabajo.

Podríamos seguir con más y más datos, pero ya imaginas cuál es la conclusión: nuestra salud mental se está deteriorando a pasos agigantados. Los casos de fibromialgia y síndrome de sensibilidad central también se hallan en aumento, incluso en menores.

Por este motivo, creo que es importante que reconozcamos lo que está pasando:

No somos el problema, sino el síntoma de una enfermedad social y sistémica.

Una enfermedad que no hace más que aumentar a niveles desproporcionados. De hecho, más que enfermedad, ya se empieza a hablar de epidemia.

El sistema actual nos está destruyendo

No hace falta más que echar un vistazo alrededor: estamos desesperados.  Ya no se trata solo de las exigencias de la vida diaria, lo que más nos come es la cantidad de obstáculos e injusticias que vivimos.

  • Estamos sometidos a más demandas, imposiciones y prohibiciones por parte de los gobiernos y autoridades.
  • Los entornos laborales y escolares son cada vez menos seguros.
  • Desde hacer la compra diaria o conseguir aparcar el coche hasta abrir un nuevo negocio o firmar una hipoteca, prácticamente todo implica un mayor nivel de estrés que en el pasado.

Tal vez estas situaciones no sean para tanto, pero nos enfrentamos a cientos de ellas a diario. Cuando de repente explotamos en el momento menos pensado, tan solo se trata de la gota que colma el vaso.

 

 

Más que enfermedad, epidemia

El estrés se contagia. No hace falta que la ciencia nos lo diga para saberlo, pero un estudio de la Universidad de Calgary (Canadá) lo confirmó en 2018.

Por si fuera poco, el nivel de estrés se propaga entre compañeros de clase y de trabajo, familiares y amigos. E incluso entre las personas con las que tratamos habitualmente, como vecinos, clientes, etc.

Si todos estamos sometidos a mayor tensión en nuestro día a día y transmitimos el efecto de unos a otros, es de esperar que la situación empeore de forma exponencial.

Nuestro peor enemigo es el estigma

Uno de los motivos principales por los que los problemas mentales van a más es por su estigmatización. No es fácil admitir que tienes un problema de salud mental o ciertos tipos de enfermedades crónicas. Más bien, el entorno no lo pone nada fácil.

En el momento en que alguien sabe que lo tienes, achaca todas tus reacciones a ese problema. No puedes enfadarte, nada te puede parecer mal ni puedes tener un mal día. Todo se ignora bajo la excusa de que es tu enfermedad la que habla y no tú.

También está presente en el entorno médico

Personalmente, lo he vivido en muchas ocasiones. Nos pasa a la mayoría. Si en nuestra historia aparecen antecedentes de alguno de estos problemas, o si nuestra visita está relacionada con ellos, no recibimos el mismo tipo de atención.

También he encontrado profesionales considerados que me han tratado muy bien. Por desgracia, pertenecen a una minoría muy reducida.

 

 

Una situación de indefensión abocada al desastre

  • No podemos trabajar en buenas condiciones y, en consecuencia, perdemos aun más calidad de vida.
  • Necesitamos atención personal y médica que raras veces obtenemos.
  • El número de personas con problemas aumenta constantemente, pero muchas permanecen ocultas debido al estigma.
  • El sistema nos exige más y más, pero nosotros cada vez podemos dar menos.
  • Como somos más, se nos da menos margen para descansar y recuperarnos porque debemos ser productivos.

Se ha perdido la perspectiva totalmente

Esta situación es insostenible y necesita un cambio de raíz. No solo para que nosotros suframos menos, sino para evitar que las cifras sigan creciendo.

Hemos olvidado que somos personas, no máquinas, que lo importante es la salud, las relaciones con los demás, disfrutar del entorno…

Estamos aquí para vivir, no para producir, no para tener más éxito ni más dinero que otros. Hemos olvidado lo que significa ser humano.

¿Qué podemos hacer?

Es obvio que no podemos cambiar el sistema individualmente. Muchas situaciones dependen de organizaciones sobre las que no tenemos control. Pero hay algunas cosas que sí están en nuestra mano:

  • Exigir asistencia médica de calidad cuando no la recibimos y poner reclamaciones si es necesario.
  • Hablar abiertamente del tema, ya que es probable que haya otras personas cercanas con problemas similares, calladas por miedo al estigma.
  • Informar y rectificar a la gente al oír un comentario absurdo del tipo «los adictos no lo dejan porque no quieren» o «no está deprimida, lo que pasa es que no ha sabido lo que es trabajar en su vida».
  • Intentar detectar posibles problemas a una edad temprana, pues es la única forma de evitar que se cronifiquen y aumente el número de adultos con problemas de salud.
 

Salud mental - Tolerancia

 

Y, en general, ser más tolerantes y comprensivos unos con otros.

Tanto quien llora como quien grita, tanto quien ataca como quien sufre, todos tenemos nuestros motivos. Lo importante es intentar solucionar o paliar los problemas y dejar de señalarnos con el dedo.

Está claro que algunos comportamientos deben controlarse y hay que tomar las medidas de seguridad pertinentes. Pero debemos recordar que, si no se trata la causa, es imposible que la situación mejore.

¿Y tú? ¿Qué opinas que debemos hacer para dejar de alimentar el problema? ¿Crees que ya es demasiado tarde?


Mar

Mar

Hace tiempo que perdí la cuenta de mis diagnósticos: ansiedad, depresión, fatiga crónica, cervicalgia crónica, intestino irritable, fibromialgia... Y en el camino he descubierto que no somos el problema, sino el síntoma de una sociedad enferma que nos estigmatiza.

Somos muchos los que sufrimos día a día y no podemos adaptarnos a las exigencias del sistema actual. No estamos solos. Aquí hay un hueco para ti. Juntos somos más fuertes y nuestra sensibilidad nos hace más humanos.

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