Incomprensión y estigma: deja la culpa atrás


La mayoría de las personas que vivimos con un problema de salud mental o una enfermedad crónica o invisible tendemos a sentirnos culpables por no poder cumplir con las expectativas. Tanto las de los demás, como las que nos autoimponemos.

No siempre recibimos la comprensión adecuada. Se nos acusa de poca fuerza de voluntad, actitud pesimista, falta de esfuerzo, etc. Además, en el momento en que alguien conoce nuestro diagnóstico, achaca todo lo que hacemos y decimos a nuestra salud. No podemos enfadarnos, tener un mal día o estar tristes sin que la gente lo atribuya a nuestra enfermedad y dé por hecho que todas nuestras reacciones son injustificadas.

El primer paso, sin duda, pasa por aceptarnos y dejar de machacarnos cuando no cumplimos. Nos dicen tantas veces que lo estamos haciendo mal, que nos lo acabamos creyendo, a pesar de saber que nuestros mejores esfuerzos no harán que la enfermedad desaparezca mágicamente.

No podemos concienciar a nadie si nosotros seguimos dudando. No es fácil enfrentarnos a los prejuicios de los demás, pero si permitimos que sus opiniones nos hagan dudar de nuestra propia experiencia, contribuimos al problema. Alimentamos sus ideas equivocadas y nos sentimos aún más culpables de algo que no hemos elegido.

Rodéate de personas que te aceptan con tu enfermedad, no a pesar de ella

Ya lidias con suficientes dificultades como para encima tener que hacerte cargo de la ignorancia de los demás. Tú no eres responsable de cómo se sienten ni eres quien los decepciona al no hacer lo que esperan de ti. Se decepcionan ellos mismos por no querer ver la realidad y pretender que cuadres con la idea que tienen sobre cómo debes ser.

A veces nos vemos obligados a forzar un poco la máquina para acabar una tarea o incluso para hacer algo que nos gusta, pero sabemos que nos pasará factura. Aguantar el tipo en un momento puntual por circunstancias concretas es comprensible. Exigirte más de lo que puedes dar continuamente para cumplir con expectativas irreales es muy contraproducente.

De hecho, según el tipo de problema que tengas, cuanto más intentes forzarte, más enfermarás. Si tú no pones límites, el cuerpo los acaba poniendo por ti.

No es lo mismo ser realista que autocompadecerte

Lamentarnos continuamente por nuestros problemas no es sano para nosotros ni para quienes nos acompañan. Pero eso no implica que no debamos expresar nuestras necesidades. Si vives con miedo a que te juzguen o tienes que pelear constantemente para adaptar las actividades y el entorno a tus limitaciones, plantéate si te estás rodeando de las personas adecuadas. Necesitas apoyo, no más obstáculos.

Tu problema de salud no tiene por qué definirte, ni conviene que lo haga, pero es parte de ti. Mucha gente tiene esta extraña idea de que puede tratar con la parte que les gusta de nosotros e ignorar la otra. No te esfuerces en disfrazar quien eres para evitar incomodar a los demás o que te rechacen.

Somos muchos en el mundo, puedes encontrar otras personas con las que no tengas que fingir. No te conformes con menos. No hay ningún motivo por el que debas sacrificar tu bienestar o tranquilidad por los demás. No permitas que te manipulen diciéndote que te autocompadeces o te pones en lo peor.

Nadie conoce tu cuerpo y tu mente mejor que tú. Sabes lo que te ayuda y lo que te empeora. Tenerlo en cuenta al planificar tu rutina o cualquier actividad no es pesimismo, ni victimismo, ni dramatismo. Es ser realista y cuidar de tu bienestar.

Culpa - Equilibrio

No te exijas demasiado, pero tampoco te acomodes en exceso

Dicho esto, es fácil caer en la trampa de la evitación por miedo a no encontrarnos bien o por desánimo e ir eliminando cosas de nuestra vida. Todos tenemos días malos, no tienes por qué estar siempre al pie del cañón. Pero evita aislarte y encerrarte en exceso, ya que a la larga te hará más daño que esos posibles malos ratos que has esquivado.

Cada persona tiene su propio equilibrio, así que no te bases en las opiniones de otros. Como la sociedad actual condena la soledad y la inactividad, mucha gente tiende a creer que debemos salir y forzarnos a hacer cosas cueste lo que cueste. No tiene por qué ser así, una tarde tranquila en solitario puede ser mucho más reparadora que cualquier tipo de encuentro social.

No saber estar solos es igual de malo que no relacionarnos con nadie. No saber descansar es igual de malo que no querer hacer nada. El equilibrio es crucial.

La concienciación es responsabilidad de todos

No lo hagas solo por ti, ten en cuenta que todos estamos implicados. Cada vez que nos amoldamos a las expectativas desconsideradas de los demás, alimentamos la falta de apoyo y comprensión que queremos eliminar. No es fácil, pero evita esconderte siempre que puedas. Tú no elegiste tener un problema de salud y no debes sentirte mal ni avergonzarte de nada, sea cual sea tu situación.

Y, por supuesto, además de hacerte respetar entre familiares, amigos y compañeros, no dudes en exigir un trato digno en las consultas médicas y los servicios de urgencias. Hay quienes ven el diagnóstico en tu historia clínica y ya no te toman en serio. Si es necesario, pon reclamaciones. El trato que nos dan ciertos profesionales es vergonzoso.

No todos son iguales, pero ir al médico no debería ser una lotería. Según quién te atienda, puedes salir con la ayuda necesaria o con la moral por los suelos y encontrándote incluso peor que antes de llegar.

Culpa - Sentir

No tienes ningún defecto, sino una capacidad de sentir extraordinaria

No te encuentras bien y encima tienes que lidiar con el estigma, la incomprensión y todo tipo de dificultades impuestas por quienes no entienden tu situación. No te ha tocado la vida más fácil, pero eso no significa que todo sea negativo. Eres muy especial.

Casi todas las personas con este tipo de problemas tenemos una sensibilidad muy poco habitual. Sí, tal vez seamos más vulnerables en ciertas situaciones, pero nuestra capacidad de sentir, empatizar y experimentar en general es mucho más profunda. Cuando digo que nuestra sensibilidad nos hace más humanos, no es porque suene bien, sino porque realmente es así.

El estilo de vida que se nos impone actualmente no es adecuado para nadie, pero quienes tienen una sensibilidad menor consiguen adaptarse con mayor facilidad. Sin embargo, cada vez somos más y alcanzaremos un punto en que nadie podrá seguir engañándose. Por ahora, somos minoría y debemos cuidarnos y protegernos al máximo.

Recuerda:

  • Que no puedas adaptarte al sistema actual no implica que el problema seas tú. El mundo no está lleno de caos y violencia por casualidad. El modo en que vivimos no es sano y propicia numerosos problemas de salud.

  • No permitas que nadie le reste importancia a tu situación o te menosprecie. La ignorancia de los demás no les da la razón. Simplemente critican algo que no conocen y les incomoda. Siempre que podamos, es mejor intentar informar en lugar de reaccionar.

  • Las personas que se niegan a aceptarte como eres y no muestran ninguna consideración no te merecen. Y tú mereces algo mejor. Igual que si un alimento no te sienta bien dejas de tomarlo, cuando una persona no te sienta bien, lo mejor es dejarla atrás.

  • Si no tienes posibilidad de alejarte de ciertas personas tóxicas por motivos laborales, familiares, etc., no olvides que el problema es su ignorancia. No tiene nada que ver contigo y, si te presionan, no dudes en aclararlo las veces que haga falta. Tienes tus limitaciones y necesidades y negarlas no va a cambiar tu estado de salud. Su mentalidad anticuada ya está más que superada y deberían informarse mejor.

  • Si estás en territorio enemigo, entre personas que no entienden ni quieren entender, no malgastes energía. Eso no es rendirte, es cuidarte. Puedes informar a quienes están dispuestos a aprender, pero no debes soportar relaciones dañinas ni maltrato psicológico. No te quedes en un lugar donde no te aprecian por miedo a no tener nada mejor.

Y, por último, aunque no es excusa, no olvides que la gente hace las cosas por algo. La falta de comprensión y tolerancia está causada por sus propias creencias limitantes. Evidentemente, no tienes que soportar ninguna falta de respeto, pero saberlo te ayuda a recordar que el problema no eres tú. La gente proyecta sus traumas y miedos en los demás. No te conformes, pero tampoco te lo tomes de forma personal.

Espero que este artículo te haya ayudado. ¡No dudes en añadir tus comentarios a continuación! Un abrazo.


Mar

Mar

Hace tiempo que perdí la cuenta de mis diagnósticos: ansiedad, depresión, fatiga crónica, cervicalgia crónica, intestino irritable, fibromialgia... Y en el camino he descubierto que no somos el problema, sino el síntoma de una sociedad enferma que nos estigmatiza.

Somos muchos los que sufrimos día a día y no podemos adaptarnos a las exigencias del sistema actual. No estamos solos. Aquí hay un hueco para ti. Juntos somos más fuertes y nuestra sensibilidad nos hace más humanos.

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