Excusas para no ayudar a los enfermos crónicos


«Los resultados han salido normales. Enhorabuena, no tienes ningún problema de salud».

Estas palabras deberían ser motivo de alegría, pero si las recibes mientras te retuerces de dolor, apenas puedes levantarte de la cama o no consigues enfrentarte al día a día, la cosa cambia.

Tus familiares y amigos te recuerdan que no es para tanto, que al menos sabes que no tienes nada grave. Te ves en la obligación de acudir al trabajo aunque no estés en condiciones y cada vez te encuentras peor.

Poco a poco, tu mundo se quiebra y da igual cuánta gente haya a tu alrededor. Nadie entiende, nadie sabe ni puede ponerse en tus zapatos y la soledad te atrapa.

La ciencia no es infalible

Nos culpan de nuestros problemas de salud, a pesar de que las causas no se conocen por completo. Cada día se hacen nuevos descubrimientos científicos, pero mientras tanto, son muchos quienes prefieren dudar de la palabra de los pacientes.

La ciencia incluye avances válidos, conclusiones equivocadas que se rectifican pasado un tiempo y descubrimientos que aún están por llegar. Se define a partir de observaciones influidas por los conocimientos disponibles en cada época. Por eso, cuando echamos la vista atrás, la ciencia de hace años suele parecer básica e incluso incorrecta.

Por si esto fuera poco, se estima que los nuevos descubrimientos tardan unos 17 años en verse reflejados en la práctica clínica. Y no hablemos ya de la normalización social, que se retrasa décadas en algunos casos.

Mientras esperamos a que lleguen nuevos avances o se normalicen los ya alcanzados, los pacientes somos abandonados a nuestra suerte. Si no podemos demostrar nuestros síntomas, se da por hecho que mentimos y que tenemos las capacidades de una persona sana.

Por cierto, ni siquiera una persona sana es capaz de lidiar con todo lo que se nos exige actualmente. En parte, es por eso que cada vez estamos más enfermos.

El comodín psicológico/psicosomático

Cuando no hay evidencias claras de ninguna enfermedad, se presupone que el problema es mental o emocional. Además, también se da por hecho que este tipo de problemas son menos importantes.

Nadie pone en duda que mejorar nuestro estado físico requiere cierto tiempo y esfuerzo, pero es habitual creer que cambiar nuestra estado mental es tan sencillo como decidir hacerlo.

Todos sabemos que cada cuerpo tiene ciertos límites y que no son los mismos para todo el mundo. Pero, en cambio, se asume que todos deberíamos ser capaces de gestionar cualquier situación emocional adecuadamente.

Es muy cómodo recurrir al comodín psicológico cuando no se tienen otras opciones en lugar de creer al paciente y aceptar que la medicina y la ciencia no lo saben todo.

Pero es incluso más fácil si, además, ese comodín afirma que la recuperación depende directamente del esfuerzo del paciente.

De esta forma, se permite que numerosos pacientes crónicos no reciban ningún tipo de ayuda laboral ni social. Todo el mundo puede lavarse las manos porque la solución «depende» de ellos.

Aparte de la hipocresía de esta situación, pasamos por alto un supuesto totalmente erróneo: incluso cuando la causa es mental o emocional, eliminar el origen del problema no equivale a solventar sus consecuencias.

Eliminar las causas no implica que el problema desaparezca

Una vez que la casa se ha quemado, detener el fuego no regenera lo que ya se ha convertido en cenizas. Solo evita que se queme lo que aún sigue en pie.

Nuestro estado mental y emocional puede generar problemas de salud tanto físicos como psicológicos. Estos no tienen por qué desaparecer al tratar el original. Por ejemplo, el estrés y la ansiedad suelen provocar contracturas musculares que no siempre desaparecen aunque nuestra salud mental mejore.

Si bien es cierto que los pacientes con enfermedades crónicas necesitan apoyo psicológico, no es lo mismo recibir ayuda para gestionar el problema que para eliminarlo. Asumir que podemos acabar con él implica que la situación es temporal y dificulta que recibamos apoyo a largo plazo.

Esta situación contribuye significativamente al empeoramiento de la salud. Vernos limitados, estigmatizados y sin ayuda no es la mejor forma de recuperarnos.

La inteligencia emocional y el pensamiento positivo

Mientras tanto, dicen que somos débiles, que nos falta fuerza de voluntad y que nos autocompadecemos demasiado. En realidad, hablamos de nuestro problema porque la ayuda recibida es mínima y no hay otra forma de avanzar que informar sobre nuestra situación.

También oímos a menudo que una actitud más positiva mejoraría nuestro estado de salud. Pero los problemas emocionales empeoran nuestra salud y los problemas de salud, especialmente los crónicos, empeoran nuestro estado emocional. Una vez dentro de la rueda, no es fácil parar. Ni mantener el ritmo, pues el problema se amplifica a medida que pasa el tiempo.

Pedirnos una actitud positiva cuando se nos estigmatiza, critica y ningunea, cuando no se nos ofrece la ayuda que necesitamos y se nos exige que funcionemos como si no nos pasara nada, es cuando menos hipócrita.

Esta situación se observa habitualmente en los casos de fibromialgia o síndrome de fatiga crónica, pero también en numerosos problemas de salud mental y enfermedades raras e invisibles de todo tipo. En el mejor de los casos, la gente acepta que tenemos un problema de salud, pero espera que actuemos como si no fuera así.

En definitiva

  • Que no se detecte una enfermedad no implica que estemos sanos ni que todos nuestros síntomas sean psicosomáticos. Podría ser así, pero hay que recordar que en medicina quedan muchas cosas por descubrir y entender.
  • Que los problemas de salud mental o emocional puedan desencadenar ciertas enfermedades no significa que, al resolverlos, dichas enfermedades se curen automáticamente.
  • Dar por hecho que la actitud es la protagonista principal en su evolución se traduce en culpar al paciente cuando no mejora y en reducir las ayudas externas que se le ofrecen.
  • Pretender que una persona con un problema de salud grave o limitante se mantenga positiva y actúe como si estuviera sana hace que esta se sienta sola, incomprendida, culpable e incapaz de gestionar su vida.

Cabe recordar que la tasa de suicidio aumenta considerablemente en pacientes crónicos. Aunque se intenta fomentar una mayor prevención en las consultas médicas, si no reducimos los elementos que facilitan que los pacientes se sientan abandonados, difícilmente podamos mejorar esta situación.

Si te encuentras en una situación de este tipo, no dudes en comentar y ponerte en contacto con personas con las que te puedas identificar, ya sea a través de este u otro sitio web, redes sociales, asociaciones locales o cualquier otra opción disponible. La mejor forma de sobrellevar la falta de apoyo y comprensión es rodearte de personas que sienten lo mismo que tú. Un abrazo.

 

 

 


Mar

Mar

Hace tiempo que perdí la cuenta de mis diagnósticos: ansiedad, depresión, fatiga crónica, cervicalgia crónica, intestino irritable, fibromialgia... Y en el camino he descubierto que no somos el problema, sino el síntoma de una sociedad enferma que nos estigmatiza.

Somos muchos los que sufrimos día a día y no podemos adaptarnos a las exigencias del sistema actual. No estamos solos. Aquí hay un hueco para ti. Juntos somos más fuertes y nuestra sensibilidad nos hace más humanos.

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