Antidepresivos: ni tan inocuos ni tan eficaces


Los antidepresivos, especialmente los de nueva generación, han causado grandes cambios en el tratamiento de numerosas dolencias. No solo se prescriben para los problemas de salud mental más comunes, sino también para otros numerosos diagnósticos, incluidos trastornos alimentarios, dolor crónico y fibromialgia.

El hecho es que cada vez se recetan con mayor frecuencia porque se consideran más seguros y cómodos que las alternativas utilizadas en el pasado. Se afirma que causan menos efectos secundarios y que tienen menos riesgo de crear adicción o dependencia.

Estas creencias están basadas en los estudios que confirman los buenos resultados obtenidos entre diversos grupos de pacientes. Pero, ¿qué ocurre con los estudios cuyos resultados no son tan buenos?

Los estudios son imparciales, pero su publicación no lo es

Este grave problema no afecta únicamente a los antidepresivos, sino a prácticamente todos los fármacos cuyo éxito se basa exclusivamente en los estudios realizados. Ben Goldacre, médico galardonado y escritor de varios libros de éxito lleva años hablando sobre este tema.

Se efectúan numerosos estudios, pero solo se publican los resultados positivos (los que concluyen que el fármaco funciona) y se descartan los negativos.

Los profesionales, al consultar información sobre un fármaco, encuentran un gran número de estudios exitosos y creen que es mucho más eficaz. Es decir, la evidencia en la que se basan está sesgada. Se omite información que podría evitar un gran número de consecuencias inesperadas.

En la conferencia enlazada a continuación (subtitulada en español), así como en su libro Mala farma, Ben Goldacre expone diversos casos y afirma que, a pesar de las medidas que se han impuesto para evitar la ocultación de resultados negativos, estas no se cumplen y no se sanciona a nadie.

Si deseas más información, puedes acceder al sitio web de AllTrials, una campaña a nivel mundial para conseguir que se publiquen todos los ensayos realizados. También puedes consultar este artículo, que resume las malas prácticas que el autor denuncia.

Nadie sabe exactamente cómo te va a sentar un antidepresivo

Cualquier psiquiatra honesto te explicará que solo se tiene una idea relativa sobre cómo los antidepresivos pueden afectar a cada paciente. Su prescripción es, básicamente, un juego de ensayo y error.

Cuando el médico te dice que cierto antidepresivo puede ayudarte más que otro, se basa en la evidencia (los estudios mencionados anteriormente) que indica que ese fármaco ha generado un mayor porcentaje de resultados positivos.

Además, la mayoría de los pacientes que presentan síndrome de sensibilidad central no toleran bien la medicación en general. Este síndrome incluye la fibromialgia y el síndrome de fatiga crónica, entre otros problemas de salud crónicos.

Los antidepresivos son eficaces en un número reducido de casos

En este artículo se confirma que los resultados de los antidepresivos son prácticamente iguales a los de los placebos cuando los estudios incluyen casos leves e intermedios.

Sin embargo, cada vez se recetan más para este tipo de casos leves. No solo no suponen una ventaja clara para los pacientes, sino que además los someten a todos los efectos secundarios correspondientes.

En este otro artículo también se confirma que no existen pruebas válidas no sesgadas que garanticen la eficacia de los ISRS en casos de fibromialgia, fatiga crónica, dolor crónico y trastornos del sueño.

Aquí se comentan las consecuencias negativas al intentar abandonarlos. En concreto, se menciona cómo su retirada causa síntomas de ansiedad y depresión, a veces incluso peores que los iniciales.

Si quieres saber más, en este artículo encontrarás información ampliada sobre los efectos negativos de los antidepresivos.

Estas son solo algunas de las numerosas publicaciones que denuncian la falta de pruebas de la eficacia de estos fármacos. También hay numerosos testimonios de pacientes en la red que corroboran sus efectos secundarios y el síndrome de retirada (un eufemismo para lo que todos conocemos como síndrome de abstinencia).

Con una búsqueda sencilla podemos comprobar que la realidad es muy distinta a lo que los médicos nos presentan en la consulta.

Desensibilización: un efecto peligroso

Estos fármacos, al aumentar el nivel de varios neurotransmisores en el cerebro, alteran la percepción del peligro y propician que asumamos más riesgos de lo habitual.

Es más, en algunos casos pueden desencadenar episodios de manía e incluso un estado constante de hipomanía, especialmente si el paciente tiene tendencia a este problema y no ha tenido ningún episodio previo.

Aquí tienes un breve artículo al respecto y aquí otro más extenso.

La situación se complica debido a que no es fácil que lo detectemos personalmente, ya que nos sentimos más activos y optimistas. Y, a menos que tengamos un comportamiento muy extremo, nuestros familiares y amigos pueden confundirlo con una falsa mejoría.

La valoración de los resultados dependerá de cada paciente. Si asumir más riesgos equivale a atreverse a salir de casa, es obvio que el resultado es positivo. Pero cuando se trata de casos leves, una pérdida de miedo excesiva puede provocar numerosos comportamientos temerarios o poco sensatos.

Por otra parte, los antidepresivos merman nuestra capacidad emocional. De nuevo, si con ello nos ayudan a levantarnos de la cama y mantenernos activos, este efecto es positivo. Pero si eliminan prácticamente todo tipo de respuesta emocional, positiva y negativa, dificultan nuestra relación con los demás y crean un estado de apatía permanente.

Además, hay estudios que indican que los receptores afectados aumentan la recaptación para contrarrestar el efecto del antidepresivo. Así se reducen los efectos secundarios, pero también se propicia el síndrome de retirada.

Por si fuera poco, la recaptación no siempre vuelve a su estado anterior y el paciente acaba viviendo con síntomas peores que los originales.

En mi caso, probé cerca de 15 fármacos distintos antes de ser consciente de las consecuencias. Descarté algunos en seguida, pero creí tolerar otros una buena temporada.

Además de los efectos secundarios habituales, todos ellos alteraron mi actitud en exceso y otros mermaron mi concentración y lucidez mental significativamente. También tenía problemas de orientación, me golpeaba continuamente con todo y con el tiempo me fui volviendo más apática.

El cambio fue gradual, así que no me di cuenta hasta que la situación estaba muy avanzada. Años después, sigo sin haberme recuperado por completo.

En resumen, los antidepresivos parecen ser adecuados en casos graves de ciertas enfermedades, pero cada vez se recetan más para casos leves y para otros problemas en los que ni siquiera está demostrada su eficacia.

Los estudios no son fiables, no se sabe cómo te van a sentar y, si te hacen daño, probablemente no te des cuenta a tiempo. Y nadie te asegura que te recuperes al dejarlos. Parecen más cómodos que otras alternativas, pero el precio que acabas pagando es demasiado alto.

¿Cuál es tu experiencia con los antidepresivos? ¿Te han ayudado? ¿Te han dado problemas? ¿Crees que se recetan con demasiada facilidad?


Mar

Mar

Hace tiempo que perdí la cuenta de mis diagnósticos: ansiedad, depresión, fatiga crónica, cervicalgia crónica, intestino irritable, fibromialgia... Y en el camino he descubierto que no somos el problema, sino el síntoma de una sociedad enferma que nos estigmatiza.

Somos muchos los que sufrimos día a día y no podemos adaptarnos a las exigencias del sistema actual. No estamos solos. Aquí hay un hueco para ti. Juntos somos más fuertes y nuestra sensibilidad nos hace más humanos.

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